Fotos y redacción: Luis Fermín Moreno y Pepa Montero en agosto de 2003 Nueva York sigue viva, pero ya no es del todo como antes. La ciudad de los rascacielos, la que nunca duerme y la de los espectáculos en Broadway; la ciudad que durante décadas fue paradigma de modernidad y paraíso del shopping, es hoy símbolo de la cruzada antitabaco y ejemplo de superación. Hay, por supuesto, un antes y un después del 11-S, y eso se nota no sólo en la Zona Cero, convertida en un atractivo turístico más. Allí, una cruz de hierro, unas cuantas placas con los nombres de las víctimas, numerosos puestos de souvenirs y una enorme bandera en forma de corazón acompañan la incesante tarea de obreros, camiones, excavadoras y grúas que tratan de llenar el enorme vacío dejado por las Torres Gemelas. (FOTOS ZONA CERO) |
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| Muy cerca de aquí se alzan el edificio de la Bolsa y la estatua de George Washington: Wall Street en estado puro y al alcance de quien compre la entrada antes de las 12.30. La visita es sólo recomendable para quien disponga de mucho tiempo o para los verdaderos interesados en ver cómo funciona el mercado bursátil más influyente del mundo. Muy curiosa es la estatua del Toro Embistiendo que hay frente al número 25 de Broadway, colocada sin permiso del ayuntamiento por su autor, Arturo di Modica. Ningún alcalde se ha atrevido a retirarla, pues los corredores de bolsa y ejecutivos de Wall Street la consideran una especie de amuleto. | |
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A unos cientos de metros de la Bolsa se amontonan los turistas para coger el ferry hasta la Estatua de la Libertad. Aunque desde el 11-S ya no se puede subir a la corona de tan famosa dama, ni siquiera llegar al pedestal, los mitómanos no pueden resistirse a pasear por el jardín que se extiende a los pies de este ídolo del way of life (estilo de vida) norteamericano. Una alternativa a este costoso (monetariamente hablando) y masificado tour es tomar el ferry gratuito que cada media hora sale para Staten Island. El viaje dura 20 minutos y ofrece magníficas panorámicas de la Estatua de la Libertad recortándose contra los rascacielos de Manhattan. |
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La película King Kong hizo famoso al Empire State Building en 1933. Desde entonces, el rascacielos más alto de Nueva York (título que ha recobrado tras el derribo de las Torres Gemelas) ha sido protagonista de numerosos filmes: Tú y yo, Algo para recordar, Cuando Harry encontró a Sally, Manhattan... Hay que comprar las entradas con antelación, ya sea en las taquillas del sótano o en los centros de información turística. El mirador más alto, el del piso 102, ya no se visita, pero sí el del piso 86. Consejo: armarse de paciencia para las esperas ante los ascensores, y realizar la visita al atardecer; si el día es claro la vista alcanza más de 80 kilómetros.< (FOTO EMPIRE STATE) |
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En un recorrido por los lugares más emblemáticos de Manhattan no pueden faltar el edificio Chrysler, ni tampoco la estación de trenes Grand Central Terminal, inaugurada en 1913 y cuyo vestíbulo de mármol, iluminado por la luz natural que se filtra por los elevados arcos de las ventanas, rezuma clase y prosperidad; los mismos que adornaban a Cornelius Vanderbilt, fundador de la firma de ferrocarriles que construyó la estación. También es imprescindible acercarse al Flatiron, un delicado rascacielos de 22 pisos con decoración renacentista enclavado en un triángulo de calles. Como su nombre indica, tiene forma de plancha. (FOTOS EDIFICIO FLATIRON) |
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Central Park es mucho más que el pulmón de Nueva York. Con su castillo de Belvedere y su Carrusel; con su Zoo y la antigua lechería del siglo XIX; con los estanques y jardines, el lago, el obelisco y sus kilómetros de zonas verdes y senderos para coches de caballos, Central Park es lugar de encuentro de neoyorquinos y forasteros. Los cazadores de recuerdos no pueden perderse Strawberry Field, un jardín internacional de la paz construido con dinero donado por Yoko Ono, viuda de John Lennon. Un mosaico en blanco y negro con la palabra Imagine recuerda al mítico ex Beatle, asesinado a pocos metros del edificio Dakota, donde vivía la pareja.
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| En un costado de Central Park se alza el Metropolitan Museum of Art, una pinacoteca para visitar sin prisa. Algunas obras tienen más de 5.000 años, pero las joyas del museo son la pintura y escultura europeas, las salas de arte estadounidense y la colección de arte egipcio. El Met, como se conoce al Metropolitan, nació en 1870 pero recibe al público en su sede actual desde 1880. El patio de esculturas Petrie y el templo egipcio de Dendur son dos rincones encantadores, así como el jardín de la terraza. | |
(FOTOS MUSEO)
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| Y si de museos hablamos, son inevitables el Guggenheim, en arte moderno y contemporáneo (atención al estilizado lucernario diseñado por Frank Lloyd Wright), y el MOMA, que quizá fuera el primer museo que se dedicó al arte del siglo XX en todo el mundo. Su jardín de esculturas es un oasis de color, y un lujo sentarse a descansar entre esculturas de Rodin, Matisse o Picasso | |
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De noche, Times Square es la reina indiscutible de Nueva York. La plaza, que se anuncia como “encrucijada del mundo”, brilla a la fuerza: las ordenanzas municipales exigen la instalación de letreros luminosos. Quizá el edificio Paramount, de estilo art dèco, y la torre del número 4 sean las construcciones más imponentes, en rivalidad con los estudios de la MTV o el antiguo teatro Embassy, hoy reconvertido en centro de información turística. También están aquí las taquillas de espectáculos, con entradas a mitad de precio para las funciones del mismo día. Casi todos los teatros más famosos y exitosos están en las calles vecinas. (FOTOS TIMES SQUARE) |
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El Soho, el Village y Little Italy son tres barrios que bien merecen una visita, cada uno con su particular fisonomía. Tiendas, galerías de arte y fachadas de hierro fundido caracterizan al Soho, el más animado y bohemio de estos tres barrios. La Pequeña Italia disminuye de tamaño conforme lo ganan sus dos vecinos, pero las tiendas de alimentación y restaurantes aún siguen atrayendo mucha clientela, sobre todo los fines de semana. Y qué decir del Village, con sus estrechas calles, sus recoletas fachadas, sus recoletos jardines y sus preciosas casas de ladrillo rojo, sus verjas y ventanas de hierro, sus aceras arboladas y hasta sus farolas de gas... Pues que el antaño barrio bohemio extravagante está siendo tomado por las clases más pudientes, aunque conserva un cierto regusto anárquico. La comunidad gay resiste en su feudo tradicional. (FOTOS VILLAGE Y SOHO) |
| Madison y Park Avenue alojan a los modistos, anticuarios y comercios de lujo, que pagan el metro cuadrado más caro del mundo por instalar sus tiendas de capricho. En Park Avenue viven los ricos, y entre las calles 85 y 95, los ricos de entre los ricos. No hay que perder detalle de los vestíbulos de mármol, los porteros de uniforme y sombrero, las imponentes puertas giratorias, las limusinas estacionadas y las entradas para el servicio. Con todo, lujo de nuevos ricos, en modo alguno comparable al de la parisina Place Vendome o al barrio de Chelsea en Londres. | |